Un grupo de solaneros elabora las “gachas más grandes del mundo” de forma involuntaria

Remolque de gachas

El pasado 25 de diciembre un grupo de jóvenes solaneros batió, sin pretenderlo, un record mundial al lograr preparar las gachas manchegas más grandes del mundo en un cercado (o “corralazo”) de la localidad.

Esta era nuestra broma con motivo del Dia de los Inocentes 2015 😉

Lo que comenzó como unas gachas mañaneras con las que poner fin al tradicional maitín, derivó en un cúmulo de circunstancias que dieron como resultado una enorme cantidad de esta típica comida manchega.

Según declaraciones de participantes en las mismas, todo comenzó en una pequeña sarten con patas en las que se pretendían cocinar unas gachas para cinco personas. El problema vino cuando conforme las gachas iban estando listas el encargado de prepararlas advirtió que estaban algo más líquidas de lo debido, ante lo cual decidió añadir harina. Lejos de solucionar el problema este se agravó al quedar por el contrario demasiado espesas, por lo que hubo de añadírsele agua de nuevo, volviendo al estado inicial de liquidez.

Este ciclo de ajuste en la consistencia tuvo que ser repetido varios cientos de veces hasta conseguir que este plato típico estuviese en su punto. “Yo si hago gachas las hago bien”, declaró el guisandero. El problema vino por el volumen que adquirieron las gachas como resultado de tantos ajustes, requiriendo la ampliación del recipiente utilizado, que pasó de ser una sartén a una carretilla, luego un bidón de gasoil, el carrillo de una C15, un contenedor de escombros y finalmente un remolque agricola como recipiente final.

Gachas gigantes elaboradas en un remolque

Para la elaboración fueron necesarios varios viajes al molino de Harinas Simón para aprovisionar la harina de guijas necesaria, así como de un remolque de cepas para calentarlas.

Los chicos responsables de su elaboración, que no han querido que trascienda su identidad por miedo al cachondeo generalizado, se mostraron algo sobrecogidos por el volumen de las gachas así como por haber logrado esta marca mundial de forma tan inesperada. “Nunca nos había pasado esto, creo”, declaraba uno de ellos, con claros síntomas de empacho.

Tras degustar la cantidad que cada cual estimó necesaria, las gachas sobrantes fueron utilizadas para enfoscar el corralazo donde se logró la proeza, y el resto han sido donadas al Ayuntamiento para el arreglo de los caminos rurales de la localidad.

Remolque agrícola con gachas